El siguiente relato fue publicado en la web Escalofríos.org el 3 de Enero de 2010. No existen fechas ni aparecen los nombres completos de los involucrados. Me interesó publicarlo porque que hace años escuché una historia con características similares y el lugar en el que ocurren los hechos parece coincidir.

A la semana siguiente vuelve y nuevamente se encuentra con un cuadro horroroso. Regresa a la ciudad, conversa con sus familiares y decide volver a rehacer el criadero, pero en esta oportunidad piensa que sería interesante permanecer en la parcela, para de esta manera, estar atento a cualquier anomalía o bien aclarar de una vez por todas, qué es lo que realmente sucede. Con el objeto de no permanecer solo, solicita a su novia que lo acompañe desde el viernes en la tarde hasta el atardecer del domingo. Piensa que son días suficientes, como para averiguar lo que sucede, ya que él siempre va los viernes por la tarde o los sábados en la mañana. Se acuerda entonces realizar lo planificado y su novia decide acompañarlo...
El día viernes, pasada las 16 horas, se encaminan hacia la parcela, contentos de estar juntos, pensando que por fin van a dilucidar el misterio que encierra la muerte de los conejos.
El domingo por la noche, los padres de los novios toman contacto telefónico, ya que sus hijos aún no aparecen, sin embargo, después de analizar la situación, piensan que con toda seguridad volverán el lunes por la mañana.
Pasan rápidamente las horas matinales del día lunes, a mediodía vuelven a conectarse las familias y deciden acercarse por la tarde a la parcela, para saber el motivo de la tardanza del regreso de la pareja.
Mientras viajan por el camino sur, hacia la parcela, muchas ideas se agolpan en la mente de los familiares sobre la posible causa que los ha retenido en la casa de campo. Los siete kilómetros que unen a la ciudad de Punta Arenas con la parcela se hacen interminables, parece que la camioneta no avanzara, de pronto ya se observa la entrada, están llegando.
Estacionan el vehículo frente a la casa, todo está en silencio, pareciera que no hubiera habitantes, pero el vehículo donde se trasladaron los novios está aparcado en el lugar. Es raro que no se hayan asomado siquiera a la ventana, para ver a las personas que los vienen a visitar. Los recién llegados se miran como buscando respuesta a esta actitud que no es normal. Se acercan a la puerta, golpean sin recibir respuesta, se imaginan lo peor. Se introducen a la cabaña que consta de dos piezas, cocina y dormitorio, En la primera no hay nadie, se acercan a la segunda y sus ojos no pueden creer lo que observan, sienten terror, debe ser una alucinación, no pueden creer lo que están observando. Los parientes quedan como paralizados, ninguno de los dos atina a emitir palabra alguna. Miles de pensamientos se agolpan en sus cerebros.
Los que sus ojos observan será una visión que jamás olvidarán. Delante sus ojos hay un cuadro dantesco. Los novios, ambos desnudos, habían vomitado y defecado; ella sobre la cama, él a su lado en el suelo, pero con una mirada de terror. Si antes los familiares se imaginaban miles de motivos por la tardanza producida por el regreso de los jóvenes, ahora era imposible suponer lo que había acontecido, sin embargo existía una realidad, ellos estaban muertos.
Había que actuar rápido, los servicios policiales seguramente encontrarán a los autores y los motivos de su acción.
Ante los hechos suscitados, nadie se acordó que el motivo de la estadía de los novios en la parcela, era la de averiguar las muertes de los conejos. Este motivo pasó a un segundo plano, había que averiguar y rápidamente sobre los supuestos asesinos.
La policía realiza todas las acciones normales de estos casos, siendo su conclusión primera de que ellos habían muertos por asfixia, por emanaciones de la estufa a gas y para avalar su posición deciden dejar en la casa a unos cuatro o cinco gatos con las llaves del gas abierto.
Al día siguiente, vuelven los policías, convencidos de que los gatos se hallarían muertos, otro error, no bien abren la puerta, los gatos salen como si nada hubiera pasado.
La policía continúa con sus indagaciones, para llegar al final del misterio que rodea a estas muertes. Se envían los cuerpos de los novios a la morgue, para que se realice la autopsia de rigor. Los resultados no se hacen públicos ya que han encontrado otro gran misterio. Ambos cuerpos no tienen una gota de sangre. El enigma se profundiza. Desgraciadamente nadie recuerda lo acontecido con los conejos y ni siquiera unen ambos casos, para poder encontrar una solución a este puzzle policial.
Un día me encuentre con María, de profesión enfermera y nos ponemos a conversar sobre este caso. María, que sentía horror por el caso me confirma que los asesinados estaban sin sangre, ella había participado en este crimen que tenía convulsionada a la ciudad más austral del mundo, Punta Arenas. Ella, también se mostraba inquieta, ya que nunca antes había tenido tan cerca un caso donde la sangre estuviera ausente. Nada de sangre en los cuerpos, nada de sangre en el lugar de los hechos, ello vino a complicar más aún la investigación de la policía.
Comenzamos a vigilar la casa cada vez que podíamos. Veíamos, como la policía se desplazaba por el lugar buscando alguna señal, buscando cualquier detalle que de pauta para llegar a una solución. Nada, nada en absoluto, hasta tal punto que un día nos enteramos que la policía dejó las investigaciones de lado, por no encontrar algún dato que los oriente.
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